Skip to content
TITULAR:

El horizonte sigue siendo Bolívar

POR:
BIOGRAFÍA DE LA AUTORA/AUTOR:
FUENTE:

Globetrotter

CREDITO:

Este artículo fue producido por Globetrotter

CUERPO DEL ARTÍCULO:

Vivimos tiempos complejos en los cuales el imperialismo estadounidense se expresa de manera extremadamente agresiva, con mayor violencia e irrespeto por el derecho internacional y la soberanía de los pueblos, pero con un desespero que se traduce en decisiones cada vez más irracionales que amenazan de manera abierta no solo la paz del mundo sino el futuro de la humanidad toda. Lo que observamos no es sino la continuación de un proceso que comenzó desde la fundación misma de los EE. UU. que se materializó en la confrontación entre dos modelos diametralmente opuestos como lo son la doctrina Monroe y la doctrina bolivariana.

Simón Bolívar, el Libertador, supo definir a Nuestramérica como el producto de una herencia que no era únicamente española o europea. Somos hijos e hijas de España (usurpadores de esta tierra) tanto como de los pueblos originarios “propietarios legítimos de esta tierra” y de los millones de africanos y africanas secuestrados y traídos a estas tierras y forzados a trabajar como mano de obra esclavizada, como lo dice tanto en la Carta de Jamaica en 1815 como en el discurso de Angostura en 1819. Bolívar define una identidad propia del habitante de las tierras americanas, lo que lleva directamente al concepto de soberanía y del derecho y responsabilidad por defenderla. Para Bolívar las nuevas naciones tienen un potente sustrato, producto de su gran extensión, sus riquezas naturales y el poseer una identidad propia, una misma lengua y una misma religión. La unión de estas naciones emerge como una necesidad vital con el objetivo de generar mayor fortaleza y dar al pueblo “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de justicia social y la mayor suma de estabilidad política” como dijera en el discurso de Angostura. Para Bolívar son elementos centrales la unión y la justicia social. Elementos desde los cuales nos relacionaríamos con el resto de las naciones de manera equitativa y respetuosa, lo que garantizaría una paz duradera y lo que Bolívar llamaba el equilibrio del universo.

En oposición a este pensamiento encontramos la Doctrina Monroe. Discurso pronunciado por el presidente de los Estados Unidos James Monroe en 1823 – aunque escrito por su secretario de estado John Quincy Adams – y que definiría la política exterior de los EE. UU. hasta nuestros días. En el momento histórico en que es pronunciada, los EE. UU. quiere dejar claro que los asuntos del continente americano no conciernen a las potencias europeas. Algunos patriotas de la América hispana tomaron con beneplácito dicho discurso, en tanto veían a un aliado que los defendería de cualquier intento recolonizador de Europa. La realidad es que los EE. UU. tenía planes claros de expandir su territorio y su área de influencia a toda la América.

La Doctrina Monroe lleva en sus entrañas el mito del destino manifiesto, según el cual los EE. UU. o, más bien, los blancos estadounidenses, habrían sido encomendados por Dios para llevar la libertad y la democracia al resto del mundo. Se asume desde una posición de superioridad que les permite catalogar qué es la libertad y la democracia y quiénes son libres o demócratas. Es la visión que los terratenientes esclavistas que fundaron los EE. UU. tenían y expresaban. Me refiero a personajes como Washington, Jefferson, Adams, etc. Cuando tomamos billetes de dólares en nuestras manos estamos de hecho exhibiendo un altar completo de todos ellos.

Un personaje que no podemos dejar de mencionar es Alfred Mahan (1840-1914). Mahan fue un historiador y oficial de la marina de los EE. UU. cuya obra influyó de manera considerable la política exterior de su país y de hecho fue, en palabras del intelectual argentino Atilio Borón, quien tradujo a la geopolítica, la doctrina Monroe.

Mahan estudió a profundidad al imperio británico, mostrando la importancia del poderío naval para mantener el dominio mundial. Mahan considera una línea de desarrollo que empieza por el establecimiento de redes de comercio exterior, una marina mercante capaz de mantener y apoyar este comercio, una poderosa marina de guerra capaz de proteger estas embarcaciones, así como las rutas de comercio, una red de bases y puertos alrededor del mundo, donde las naves puedan reabastecerse y reparar daños, y una serie de países (¿neo-colonias?) que permitan organizar la red de comercio conforme a los intereses de los EE. UU. Mahan consideraba prioritario el desarrollo de la armada de guerra y un control de los mares desde lo más cercano, el mar Caribe – que llamó Mare Nostrum –, hasta lo más lejano. Consideraba importante el control de las entonces indias occidentales danesas, vendidas a los EE. UU. en 1916, hoy Islas Vírgenes de los EE. UU., un par de puertos en Centroamérica y fue enfático en la necesidad de establecer bajo total control de los EE. UU., un canal interoceánico en Centroamérica. El control del canal interoceánico no podría garantizarse sin que antes se tuviera dominio de las cuatro rutas comerciales del Caribe: el paso de Yucatán (entre Cuba y México), el paso de los vientos (entre Cuba y Haití), el paso de la mona (entre Puerto Rico y República Dominicana) y el paso de la Anegada (cerca de St Thomas al este de Puerto Rico). Mahan habló además de la importancia de poseer Hawaii como base para controlar las rutas del Pacífico.

Es Mahan una figura clave que influyó en presidentes como Theodore Roosevelt y vemos que en toda la política expansionista de los EE. UU. De hecho, al día de hoy los Estados Unidos tiene el mayor presupuesto militar de cualquier país: 1537 billones de dólares según cifras oficiales de 2022, lo que representan un 6% de su PIB. Si a eso le sumamos el presupuesto total de la OTAN y tomamos en cuenta que la Alianza sigue funcionando en los hechos bajo control de los EE. UU., podemos constatar que estos y sus aliados manejan un 74,3% de todo el gasto militar del mundo.

Los Estados Unidos tiene además 902 bases militares alrededor del mundo que incluye un anillo alrededor de China e Irán y un collar completo de presencia militar en el Caribe. Si a eso le sumamos su permanente injerencia en los asuntos de cada país con invasiones, apoyo y promoción de golpes de estado, programas de desestabilización, medidas coercitivas unilaterales, control del sistema financiero, el potente aparato mediático y el siempre presente complejo industrial-cultural, tenemos la doctrina Monroe en su etapa avanzada.

Ejemplos tristes, solo en ese Mare Nostrum que llama Mahan, son las numerosas intervenciones en Haití con la desastrosa intervención de MINUSTAH, la invasión de Grenada que desencadenó en el asesinato de Maurice Bishop, la invasión de República Dominicana, el financiamiento y soporte de la contrarevolución en Nicaragua, del genocidio en Guatemala, de los escuadrones de la muerte en El Salvador y del paramilitarismo colombiano.

Los EE. UU. ha mantenido un embargo contra Cuba desde hace más de 60 años y este año ha escalado a niveles de máxima agresividad, impactando de manera brutal contra la población cubana y donde una posible intervención armada no es descartada por la administración Trump. En Venezuela han escalado la guerra híbrida al punto de haber bombardeado Caracas el 3 de enero pasado, secuestrado al presidente Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores y mantener al país bajo amenaza permanente desde entonces, lo que ha obligado al gobierno bolivariano a tomar decisiones complejas, generando una situación sumamente difícil para el pueblo venezolano.

La Doctrina Monroe intenta sobrevivir a lo que es ya la patente decadencia del imperio estadounidense. Los EE. UU. tiene la mayor deuda del mundo, calculada en el orden de los trillones de dólares, problemas sociales internos producto de segregación racial, tasas crecientes de desempleo, dificultad para acceder a la salud y educación, drogadicción y violencia. Fuera de sus fronteras, los Estados Unidos está perdiendo el control comercial sobre vastas regiones del mundo, está perdiendo la carrera tecnológica, el control financiero entra en disputa como nunca antes de cara a los BRICS+ y solo le queda el poderío militar. Solo le queda la política de la muerte apoyando y apoyándose en las derechas locales y promoviendo de manera abierta el resurgimiento de tendencias fascistas especialmente en América Latina.

Los Estados Unidos es un imperio que no tiene amigos ni perdona a quienes no se le subordinan. Un imperio decadente que se sabe herido de muerte y morirá matando. Eso lo hace tan peligroso y eso hace que la lucha antiimperialista se haga cada día más apremiante. Es Bolívar contra Monroe. Vida contra muerte. Urge coherencia. Urge unión de las fuerzas antiimperialistas. Unión, como tanto insistió Simón Bolívar.

Fin del ARTÍCULO
DISPONIBLE PARA PUBLICACION:
agosto 4, 2026
PALABRAS:
1,527
ETIQUETAS:

Globetrotter es un servicio global de sindicación de noticias

Globetrotter Articles

Disponible para Publicacion:
08/04/2026
Vivimos tiempos complejos en los cuales el imperialismo estadounidense se expresa de manera extremadamente agresiva, con mayor violencia e irrespeto por el derecho internacional y la soberanía de los pueblos, pero con un desespero que se traduce en decisiones cada vez más irracionales que amenazan...
Disponible para Publicacion:
08/04/2026
En la London Review of Books, Emily Wilson, la reconocida traductora de la Odisea de Homero del griego al inglés en 2017, dejó en claro su opinión sobre la película de Christopher Nolan, La Odisea. Nolan, quien ganó un Óscar por Oppenheimer (2023), había leído...
Disponible para Publicacion:
08/03/2026
Más de 70 delegados de 43 organizaciones de 17 países se reunieron en Colombo del 16 al 18 de julio para la conferencia “Hands Off Asia”, organizada por la Asamblea Internacional de los Pueblos y Tricontinental: Instituto de Investigación Social. La elección del...
Disponible para Publicacion:
07/30/2026
El 14 de julio, en una cumbre celebrada en Orlando, el director de la Administración para el Control de Drogas de los EE. UU. (DEA), Terrance Cole, declaró que los cárteles mexicanos y el Gobierno de México son “lo mismo”. No presentó ninguna prueba....