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De la declaración a la acción: construir el poder de la clase trabajadora y completar la revolución democrática de Sudáfrica

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Este artículo fue elaborado por Globetrotter

CUERPO DEL ARTÍCULO:

Sudáfrica fue testigo de una histórica Conferencia de la Izquierda convocada por el Partido Comunista Sudafricano (SACP) del 29 al 31 de mayo de 2026. El encuentro reunió a partidos comunistas, organizaciones socialistas, sindicatos, formaciones comunitarias, organizaciones de mujeres, movimientos juveniles, intelectuales y académicos progresistas, líderes tradicionales progresistas, organizaciones religiosas y socios de solidaridad internacional en lo que se puede describir con seguridad como la reunión más significativa de la izquierda sudafricana en la era democrática.

Durante más de tres décadas tras el avance democrático de 1994, las fuerzas progresistas solían interactuar entre sí a través de campañas fragmentadas, coaliciones temáticas y luchas sectoriales. Nunca antes se había reunido colectivamente un espectro tan amplio de fuerzas de izquierda y progresistas para deliberar sobre un programa de acción común destinado a reconstruir el poder popular y de la clase trabajadora. Solo por esta razón, la Conferencia de la Izquierda representa un punto de inflexión histórico.

Sin embargo, la conferencia no fue una reunión ceremonial. Se convocó en un momento en que el capitalismo global y sudafricano atraviesa una profunda crisis estructural. El desempleo masivo, la pobreza cada vez más profunda, la desigualdad que se agrava, la violencia de género, la desindustrialización, la corrupción y la creciente desesperanza social siguen marcando la vida de millones de personas. La tasa oficial de desempleo de Sudáfrica se situó en el 32,7% en el primer trimestre de 2026, mientras que la tasa de desempleo ampliada se mantuvo por encima del 43%. La pobreza sigue afectando a más de la mitad de la población según los indicadores de pobreza más estrictos, mientras que Sudáfrica sigue siendo una de las sociedades más desiguales del mundo, con un coeficiente de Gini de aproximadamente 0,67. Estas realidades han reforzado una conclusión fundamental: la libertad política por sí sola es insuficiente sin la emancipación económica. Las herramientas de análisis marxistas siguen siendo fundamentales; la propiedad y el control de los medios de producción en Sudáfrica no pueden permanecer en manos del capital.

Desde una perspectiva marxista-leninista, la contradicción central sigue siendo la concentración de la propiedad y el control de la economía en manos del capital monopolista, que en el contexto sudafricano es mayoritariamente blanco. El avance democrático de 1994 fue una gran victoria sobre el apartheid y el proyecto colonial, pero el acuerdo negociado en la CODESA no alteró fundamentalmente las relaciones económicas en beneficio de la mayoría de los sudafricanos negros anteriormente oprimidos. Se garantizaron los derechos políticos, pero el poder económico permaneció en gran medida intacto en manos de los intereses capitalistas establecidos. La transición evitó lo que podría haber sido un baño de sangre o una guerra civil, aunque el período se vio empañado por la violencia orquestada. Sin embargo, la cuestión de la tierra y la cuestión económica siguen siendo fundamentales y críticas para completar la Revolución.

La evidencia de esta continuidad estructural se refleja en los patrones de propiedad, la concentración financiera y el declive industrial. La industria manufacturera contribuyó con aproximadamente el 23,7 por ciento del PIB en 1990, pero había caído a alrededor del 12,8 por ciento para 2024-2026. Al mismo tiempo, las finanzas, los seguros, el sector inmobiliario y los servicios empresariales se expandieron sustancialmente como parte de la actividad económica. Este proceso de financiarización desplazó cada vez más la acumulación económica hacia los mercados financieros y las actividades especulativas, en lugar de hacia la inversión productiva, la creación de empleo y el desarrollo industrial.

Esta realidad no resta mérito a los logros de la democracia. Más bien, pone de relieve las tareas inconclusas de la Revolución Democrática Nacional. La lucha por la liberación nacional debe avanzar hacia la liberación económica. Los patrones de propiedad de la tierra, el poder financiero, la propiedad industrial y el control de los recursos estratégicos siguen concentrados en gran medida en el capital monopolista y sus agentes. En consecuencia, la revolución democrática nacional sigue incompleta y se queda en meras palabras si se ignora esta crisis estructural.

Por lo tanto, la Conferencia de la Izquierda reafirmó básicamente que el período actual requiere una lucha renovada por la emancipación económica.

Es importante destacar que la conferencia también emprendió un proceso de autocrítica. Los delegados reconocieron que, si bien las mujeres constituyen algunas de las organizadoras más militantes y capaces dentro de los movimientos progresistas, no han estado adecuadamente representadas en el centro de los procesos de liderazgo y organización de la Conferencia de la Izquierda. La conferencia resolvió que esta realidad debe cambiar de manera fundamental. La cuestión de género no puede tratarse como algo secundario. La comprensión marxista-leninista de la sociedad sudafricana reconoce la persistencia de una triple opresión: la explotación de clase, la opresión nacional y la opresión de género. Estas tres dimensiones continúan interactuando y reforzándose mutuamente. Las mujeres de la clase trabajadora siguen soportando la carga más pesada del desempleo, el trabajo de cuidados no remunerado, la violencia y la exclusión económica, mientras permanecen en el centro de la reproducción social, subsidiando al capital. El compromiso con una mayor representación de las mujeres no se trata, por lo tanto, de un gesto simbólico o un favor. Se trata de reconocer la capacidad de liderazgo, la experiencia política y el potencial revolucionario. El Consejo de la Izquierda, establecido por la conferencia, debe encarnar este principio en la práctica.

El carácter internacional de la conferencia también merece un reconocimiento especial. Líderes progresistas y representantes solidarios de Zambia, Ghana, India, Brasil, México, Estados Unidos y Venezuela participaron en los debates y compartieron experiencias de sus propias luchas contra el imperialismo, el neoliberalismo y la explotación. Sus contribuciones enriquecieron la conferencia y recordaron a los participantes que la lucha por el socialismo sigue teniendo un carácter internacional.

Las resoluciones figuran en la Declaración Final. El programa de la conferencia se organizó en torno a ocho grupos estratégicos que proporcionan un marco para la implementación. Estos incluyen la transformación económica, la protección social, la reforma agraria, la salud pública, la seguridad comunitaria, la justicia climática, la solidaridad internacional y la transformación democrática. La intención es ir más allá de las declaraciones hacia acciones medibles.

A lo largo de los debates surgió una perspectiva marxista-leninista más firme. Los delegados enfatizaron que el capitalismo no puede reformarse para que sirva a los intereses de la mayoría. Si bien las reformas inmediatas siguen siendo necesarias, deben formar parte de un proyecto estratégico más amplio destinado a la transformación y a la construcción de los cimientos del socialismo.

La conferencia rechazó la idea de que la austeridad, la privatización y la financiarización puedan resolver la crisis de Sudáfrica. En su lugar, los delegados pidieron planificación democrática, política industrial, financiación para el desarrollo, propiedad pública e intervención estatal estratégica. La conferencia subrayó además que el socialismo no puede reducirse meramente a la propiedad estatal. Debe incluir la participación de los trabajadores, la rendición de cuentas democrática, la propiedad social y el poder popular.

La solidaridad internacional constituyó un pilar fundamental de la conferencia. Los participantes reafirmaron su apoyo al pueblo de Palestina y acogieron con satisfacción los esfuerzos de Sudáfrica para que Israel rinda cuentas ante las instituciones internacionales. La conferencia hizo un llamado a intensificar la movilización, las campañas de boicot y las acciones de solidaridad en apoyo de la autodeterminación palestina.

Se expresó una solidaridad igualmente firme con Cuba. Los delegados condenaron el bloqueo de décadas impuesto contra el pueblo cubano y reiteraron su apoyo al derecho soberano de Cuba a determinar su propio futuro libre de injerencia imperialista, pidiendo además apoyo humanitario urgente (alimentos, medicinas, energía) para Cuba en este período de cambio de régimen inducido, en el que incluso se prohíbe a los países suministrar petróleo a la isla. Los logros de Cuba en materia de salud, educación y solidaridad internacional continúan inspirando a los movimientos progresistas en África y en todo el mundo.

También se reafirmó el apoyo al proceso bolivariano en Venezuela y al derecho del pueblo venezolano a decidir su propio futuro sin intervención externa. La conferencia rechazó las sanciones, las campañas de desestabilización y los intentos de cambio de régimen, y pidió la liberación del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores.

De igual manera, se destacó la lucha de liberación del Sáhara Occidental. Los delegados reafirmaron su apoyo al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y la independencia, y consideraron lamentable que la más reciente Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU busque diluir este derecho a la autodeterminación. La conferencia extendió además su solidaridad a las luchas antiimperialistas en toda África y el Sur Global.

La conferencia también hizo hincapié en la importancia del panafricanismo. La verdadera integración africana debe servir a los trabajadores, los campesinos, las mujeres y los jóvenes, en lugar de a las corporaciones multinacionales. La integración continental debe basarse en la industrialización, la soberanía alimentaria, las cadenas de valor regionales, la cooperación tecnológica y la soberanía económica. En los debates que siguieron se hizo hincapié en el comercio intraafricano y el Sistema de Pagos Panafricano.

Uno de los resultados más significativos del encuentro fue la creación del Consejo de la Izquierda. El Consejo no es un partido político y no reemplaza a las organizaciones participantes. Más bien, proporciona un mecanismo para la coordinación, la educación política, las campañas y la intervención colectiva. Si se implementa de manera efectiva, podría convertirse en uno de los instrumentos más importantes para reconstruir la unidad de la izquierda en Sudáfrica.

La conferencia volvió repetidamente a una lección central de Marx, Engels y Lenin: la organización es decisiva. La clase trabajadora no puede limitarse a resistir la explotación. Debe organizarse para ejercer el poder.

Por lo tanto, el éxito de la Conferencia de la Izquierda no se medirá por los discursos o las declaraciones. Se medirá por si los trabajadores se organizan mejor, si las comunidades se movilizan más, si las mujeres ocupan puestos de liderazgo, si los jóvenes se convierten en agentes activos de la transformación y si la Izquierda logra reconstruir el poder popular para consolidar las libertades.

La conferencia ha abierto un nuevo capítulo en la política sudafricana. Ha demostrado que la unidad sigue siendo posible sin sacrificar la diversidad ideológica. Ha recordado a las fuerzas progresistas que la lucha contra el capitalismo, el patriarcado, el racismo y el imperialismo requiere una acción coordinada.

La Conferencia de la Izquierda ha lanzado un desafío a todas las fuerzas progresistas: superar la fragmentación, profundizar la organización, fortalecer el liderazgo de la clase trabajadora y avanzar en la lucha inconclusa por la liberación económica.

Fin del ARTÍCULO
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junio 11, 2026
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