{"id":13465,"date":"2026-09-12T08:01:01","date_gmt":"2026-09-12T12:01:01","guid":{"rendered":"https:\/\/portal.globetrotter.media\/?p=13465"},"modified":"2026-09-12T09:29:45","modified_gmt":"2026-09-12T13:29:45","slug":"colaboracion-no-confrontacion-la-visita-de-xi-jinping-a-los-estados-unidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/portal.globetrotter.media\/es\/2026\/09\/12\/colaboracion-no-confrontacion-la-visita-de-xi-jinping-a-los-estados-unidos\/","title":{"rendered":"Colaboraci\u00f3n, no confrontaci\u00f3n: la visita de Xi Jinping a los Estados Unidos"},"content":{"rendered":"<p>La pr\u00f3xima visita del presidente Xi Jinping a los Estados Unidos debe entenderse como algo m\u00e1s que un encuentro entre dos jefes de Estado; debe verse como un encuentro entre dos futuros posibles.<\/p>\n<p>En un futuro, los Estados Unidos impone una espiral de confrontaci\u00f3n contra China. Las disputas comerciales se endurecen hasta convertirse en una guerra econ\u00f3mica; luego, la guerra econ\u00f3mica se intensifica en bloqueos tecnol\u00f3gicos; los bloqueos tecnol\u00f3gicos producen un cerco militar; y, finalmente, el cerco militar genera incidentes, y los incidentes conllevan el peligro de convertirse en una guerra inimaginable.<\/p>\n<p>En el otro futuro, ambos pa\u00edses aceptan que ninguno puede destruir al otro sin destruir a gran parte de la humanidad. Reconocen que la coexistencia no es un acto de caridad y que la colaboraci\u00f3n no es una concesi\u00f3n. Ambas son necesidades.<\/p>\n<p>Ese es el significado de la decisi\u00f3n del presidente Xi de viajar a los Estados Unidos. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China ha <a href=\"https:\/\/www.mfa.gov.cn\/eng.\/xw\/fyrbt\/lxjzh\/202609\/t20260910_12019939.html\">descrito<\/a> que la diplomacia de jefes de Estado tiene un papel \u201cinsustituible\u201d en la orientaci\u00f3n de las relaciones entre ambos pa\u00edses. La visita sigue al viaje del presidente Donald Trump a China en mayo y a las negociaciones en curso sobre aranceles, comercio e inversi\u00f3n. Hay indicios de que el presidente Xi viajar\u00e1 acompa\u00f1ado de una delegaci\u00f3n considerable de l\u00edderes empresariales chinos. Estos hechos sugieren que Pek\u00edn desea alejar la relaci\u00f3n de una crisis permanente y orientarla hacia un compromiso pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>Sin embargo, la diplomacia entre China y los Estados Unidos no puede limitarse a ser una simple sesi\u00f3n fotogr\u00e1fica. Tampoco debe entenderse como una negociaci\u00f3n en la que una de las partes deba ceder ante la otra. Debe basarse en un reconocimiento sobrio de la realidad. O, para ser precisos, de cuatro realidades.<\/p>\n<p>La <b>primera realidad<\/b> es que no se puede contener a China. China no es un pa\u00eds de poca importancia cuyo desarrollo pueda sofocarse mediante sanciones. Cuenta con una poblaci\u00f3n de m\u00e1s de 1.4 mil millones de personas, un vasto sistema industrial, una comunidad cient\u00edfica cada vez m\u00e1s sofisticada y profundas relaciones comerciales en Asia, \u00c1frica, Am\u00e9rica Latina y Europa. Independientemente de lo que se piense de China, es absurdo imaginar que pueda simplemente excluirse de la econom\u00eda mundial. El intento de contener a China ya ha generado un extraordinario cat\u00e1logo de restricciones: aranceles, controles sobre semiconductores, prohibiciones de inversi\u00f3n, sanciones a empresas chinas, patrullas navales a lo largo de la costa china y la creaci\u00f3n de nuevos acuerdos militares desde el Pac\u00edfico hasta el Oc\u00e9ano \u00cdndico. Cada una de estas medidas se presenta como defensiva. Sin embargo, en conjunto, forman una arquitectura de confrontaci\u00f3n. Existe una peligrosa ilusi\u00f3n en Washington de que la presi\u00f3n obligar\u00e1 a China a abandonar su desarrollo. Ning\u00fan gobierno chino podr\u00eda aceptar tal exigencia. Tras un siglo de humillaci\u00f3n (desde las Guerras del Opio hasta la invasi\u00f3n japonesa), la restauraci\u00f3n de la soberan\u00eda nacional y la mejora de los niveles de vida son cuestiones no negociables para el pueblo chino. Es posible que Estados Unidos pueda ralentizar ciertos aspectos del desarrollo de China, pero no puede persuadir a China de que regrese a la pobreza.<\/p>\n<p>La <b>segunda realidad<\/b> es que la separaci\u00f3n econ\u00f3mica no es ni sencilla ni indolora. Los Estados Unidos y China siguen profundamente conectados a trav\u00e9s del comercio, la inversi\u00f3n, las cadenas de suministro, el conocimiento cient\u00edfico y los mercados de consumo. Los agricultores estadounidenses dependen de los compradores chinos. Las empresas estadounidenses dependen de la manufactura china y de los consumidores chinos. China, por su parte, se beneficia del acceso a la tecnolog\u00eda, los productos agr\u00edcolas y el capital estadounidenses. Los negociadores est\u00e1n discutiendo actualmente reducciones arancelarias rec\u00edprocas y nuevos mecanismos para el comercio y la inversi\u00f3n. Se trata de medidas modestas, pero reconocen una verdad importante: la guerra econ\u00f3mica perjudica a ambos pa\u00edses. Los aranceles se anuncian con discursos nacionalistas, pero sus costos se manifiestan silenciosamente en las cuentas del supermercado, los cierres de f\u00e1bricas, las cadenas de suministro interrumpidas y la p\u00e9rdida de empleos. Los trabajadores de los Estados Unidos no se benefician cuando China se debilita. Sus dificultades tienen su origen principalmente en las decisiones tomadas por su propia clase dirigente: d\u00e9cadas de desindustrializaci\u00f3n, el poder de las finanzas, los ataques a los sindicatos, la privatizaci\u00f3n de los servicios p\u00fablicos y la negativa a realizar inversiones sociales serias. China no cerr\u00f3 las f\u00e1bricas del Medio Oeste de los EE. UU. Fueron las empresas estadounidenses las que las cerraron en busca de mayores ganancias. La respuesta a la desigualdad en cualquiera de los dos pa\u00edses no es el nacionalismo econ\u00f3mico por parte de los Estados Unidos.<\/p>\n<p>La <b>tercera realidad<\/b> es que la humanidad enfrenta problemas que ninguno de los dos pa\u00edses puede resolver por s\u00ed solo. La cat\u00e1strofe clim\u00e1tica no tiene pasaporte. El carbono emitido en un pa\u00eds calienta la atm\u00f3sfera en todas partes. Los Estados Unidos cuenta con inmensos recursos cient\u00edficos y financieros, mientras que China ha desarrollado una enorme capacidad productiva en paneles solares, bater\u00edas, veh\u00edculos el\u00e9ctricos, transporte p\u00fablico e infraestructura de energ\u00eda renovable. La colaboraci\u00f3n entre ambos pa\u00edses podr\u00eda acelerar una transici\u00f3n energ\u00e9tica a nivel mundial. La confrontaci\u00f3n la retrasar\u00e1 precisamente cuando ese retraso se ha vuelto intolerable. Lo mismo ocurre con la salud p\u00fablica. La pandemia de COVID-19 nos mostr\u00f3 el costo humano del secretismo, la competencia y el nacionalismo de las vacunas. La inteligencia artificial constituye otro \u00e1mbito urgente de cooperaci\u00f3n. Estas tecnolog\u00edas no pueden ser reguladas adecuadamente por doctrinas militares rivales ni por corporaciones privadas que buscan el m\u00e1ximo lucro. Ambos pa\u00edses deben desarrollar salvaguardias comunes contra las armas aut\u00f3nomas, los ciberataques desestabilizadores, la vigilancia masiva y el uso de la inteligencia artificial para intensificar la desigualdad social.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la <b>cuarta realidad<\/b> es la cuesti\u00f3n de la guerra. China y los Estados Unidos son potencias con armas nucleares. Cualquier conflicto militar directo entre ellos tendr\u00eda consecuencias incalculables. Es por ello que Taiw\u00e1n no debe convertirse en el detonante de una confrontaci\u00f3n catastr\u00f3fica. El marco de \u201cuna sola China\u201d y los acuerdos diplom\u00e1ticos existentes no deben verse socavados por provocaciones, ventas de armas o gestos destinados al teatro pol\u00edtico interno.<\/p>\n<p>La paz requiere moderaci\u00f3n de ambas partes, pero la moderaci\u00f3n no puede significar que los Estados Unidos rodee a China con bases militares y buques de guerra y luego exija que solo China mantenga la calma. La seguridad no puede lograrse mediante la inseguridad permanente de otro pa\u00eds. Por supuesto, habr\u00e1 desacuerdos. La colaboraci\u00f3n no requiere estar de acuerdo en todas las cuestiones pol\u00edticas. Tampoco la coexistencia exige guardar silencio sobre las diferencias. Pero los desacuerdos deben resolverse mediante la diplomacia, el derecho internacional y las instituciones de las Naciones Unidas, no mediante sanciones, amenazas y ejercicios militares.<\/p>\n<p>Los pa\u00edses del Sur Global tienen un inter\u00e9s particular en el \u00e9xito de esta visita. No quieren que se les obligue a elegir entre China y los Estados Unidos. No desean que sus puertos, minerales, sistemas de telecomunicaciones e instituciones pol\u00edticas se conviertan en campos de batalla en una nueva guerra fr\u00eda. Quieren acceso a financiamiento, tecnolog\u00eda, medicina y mercados sin subordinaci\u00f3n pol\u00edtica. Quieren desarrollo, no ser reclutados para bandos militares rivales. Por lo tanto, la visita de Xi Jinping conlleva una responsabilidad que se extiende mucho m\u00e1s all\u00e1 de Washington y Pek\u00edn. El mundo no necesita un acuerdo que se limite a dividir los mercados entre las empresas chinas y estadounidenses. Necesita un compromiso para reducir el peligro de guerra, desmantelar las medidas coercitivas unilaterales, restablecer las relaciones econ\u00f3micas normales, cooperar en materia de clima y salud p\u00fablica, y fortalecer los principios de la Carta de las Naciones Unidas.<\/p>\n<p>La importancia de la visita no radica en la ceremonia, sino en la posibilidad. Ofrece a ambos pa\u00edses la oportunidad de alejarse del precipicio. Los Estados Unidos debe abandonar la fantas\u00eda de que puede preservar su primac\u00eda impidiendo el desarrollo de China. China, por su parte, ha afirmado en repetidas ocasiones que no busca reemplazar a los Estados Unidos como potencia hegem\u00f3nica. Ese principio debe convertirse en la base de una relaci\u00f3n duradera: sin contenci\u00f3n, sin dominaci\u00f3n, sin guerra.<\/p>\n<p>Existe una vieja costumbre entre los Estados poderosos de considerar el compromiso como una debilidad. En la era nuclear, ocurre lo contrario. No se necesita valent\u00eda para ordenar que otro buque de guerra entre en aguas en disputa. Se requiere valent\u00eda pol\u00edtica para reconocer que el adversario tambi\u00e9n tiene intereses leg\u00edtimos, que la coexistencia exige reciprocidad y que la supervivencia de la humanidad es m\u00e1s importante que la vanidad de la supremac\u00eda.<\/p>\n<p>Por lo tanto, esta visita deber\u00eda transmitir un mensaje sencillo de Washington al mundo: la colaboraci\u00f3n no es rendici\u00f3n, la diplomacia no es debilidad y la paz no es una abstracci\u00f3n.<\/p>\n<p>La confrontaci\u00f3n no ofrece un futuro a ninguno de los dos pa\u00edses.<\/p>\n<p>La colaboraci\u00f3n ofrece al mundo una oportunidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La pr\u00f3xima visita del presidente Xi Jinping a los Estados Unidos debe entenderse como algo m\u00e1s que un encuentro entre dos jefes de Estado; debe verse como un encuentro entre dos futuros posibles. 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