{"id":12081,"date":"2026-01-26T21:47:28","date_gmt":"2026-01-27T02:47:28","guid":{"rendered":"https:\/\/portal.globetrotter.media\/?p=12081"},"modified":"2026-01-26T22:17:29","modified_gmt":"2026-01-27T03:17:29","slug":"la-hipocresia-de-un-mundo-basado-en-reglas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/portal.globetrotter.media\/es\/2026\/01\/26\/la-hipocresia-de-un-mundo-basado-en-reglas\/","title":{"rendered":"La hipocres\u00eda de un mundo basado en reglas"},"content":{"rendered":"<p><i>El poder occidental y la persistencia de las estructuras coloniales<\/i><\/p>\n<p>Hay momentos en la pol\u00edtica mundial en los que se cae la m\u00e1scara, no porque el poder descubra de repente la moralidad, sino porque mantener la actuaci\u00f3n se vuelve demasiado caro.<\/p>\n<p>Recientemente, en Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, hizo algo inusual. Admiti\u00f3, casi de pasada, que el llamado <i>orden internacional basado en reglas<\/i> nunca ha sido lo que pretend\u00eda ser. Que las reglas se aplicaban de forma desigual. Que los m\u00e1s fuertes se exim\u00edan habitualmente de ellas. Que la integraci\u00f3n, que en su d\u00eda se vendi\u00f3 como beneficiosa para todos, se ha convertido cada vez m\u00e1s en una herramienta de coacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por un breve instante, casi se pod\u00eda sentir alivio. No porque la verdad fuera nueva, sino porque por fin se hab\u00eda dicho en voz alta. Hemos vivido bajo este sistema durante generaciones. Nacimos en \u00e9l. Fuimos disciplinados por \u00e9l. Nos dijeron que era neutral, benevolente, inevitable. Se nos ense\u00f1\u00f3 a respetar \u201creglas\u201d escritas en otros lugares, interpretadas en otros lugares, aplicadas en otros lugares, normalmente en nuestra contra. El resultado nunca fue el orden, sino la obediencia; nunca la justicia, sino la gesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, el sistema perdur\u00f3, no porque fuera cierto, sino porque todos aceptaron comportarse <i>como si lo fuera<\/i>. Esta es la verdadera fuente de su poder.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n su debilidad fatal.<\/p>\n<p>Cuando incluso un solo actor deja de actuar, cuando se retira el letrero del escaparate, la ilusi\u00f3n comienza a resquebrajarse.<\/p>\n<p>Es en este contexto en el que debe leerse el serm\u00f3n de Emmanuel Macron en Davos. Su denuncia de la \u201cley del m\u00e1s fuerte\u201d en la escena internacional son\u00f3 casi&#8230; progresista. Un presidente franc\u00e9s hablando el lenguaje de la moderaci\u00f3n anticolonial. Uno podr\u00eda incluso sentirse tentado de aplaudir.<\/p>\n<p>Pero casi.<\/p>\n<p>Porque es dif\u00edcil tomarse en serio las lecciones sobre el poder cuando provienen de pa\u00edses que nunca lo han abandonado realmente, sino que solo le han cambiado el nombre.<\/p>\n<p>Francia, despu\u00e9s de todo, insiste en que ha superado el colonialismo. Lo que queda no son colonias, sino <i>territorios<\/i>. No dominaci\u00f3n, sino <i>administraci\u00f3n<\/i>. No ocupaci\u00f3n, sino <i>colectividades de ultramar<\/i>. El vocabulario es elegante; la estructura, no. Desde el Caribe hasta el Pac\u00edfico, el patr\u00f3n se repite.<\/p>\n<p>En Martinica, las protestas contra el insoportable costo de la vida no se responden con reformas estructurales, sino con porras policiales y detenciones. En Nueva Caledonia, las d\u00e9cadas de reivindicaciones de autodeterminaci\u00f3n chocan con la ingenier\u00eda electoral y la conocida coreograf\u00eda de \u201crestablecer el orden\u201d.<\/p>\n<p>En el oc\u00e9ano \u00cdndico, la contradicci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s marcada. Mayotte sigue bajo control franc\u00e9s a pesar de las repetidas resoluciones de la ONU que la reconocen como parte de las Comoras. El derecho internacional, al parecer, es vinculante, excepto cuando no lo es.<\/p>\n<p>Curiosamente, cuando la ONU propuso establecer un d\u00eda internacional contra el colonialismo en <i>todas sus formas<\/i>, Francia, gran parte de Europa occidental y los Estados Unidos se negaron a apoyarlo. Aparentemente, el colonialismo es inaceptable, siempre y cuando la definici\u00f3n no llegue a su propio pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pero el colonialismo moderno ya rara vez se anuncia con banderas y gobernadores. Prefiere los balances financieros.<\/p>\n<p>El franco CFA sigue siendo uno de los instrumentos m\u00e1s duraderos de la influencia europea en \u00c1frica. Catorce pa\u00edses siguen utilizando una moneda cuyo valor se fija en Par\u00eds, cuyas reservas se mantienen parcialmente en el extranjero y sobre la que las poblaciones locales no ejercen ning\u00fan control significativo. Se concedi\u00f3 la independencia pol\u00edtica, pero no la soberan\u00eda monetaria.<\/p>\n<p>Los Pa\u00edses Bajos ofrecen su propia versi\u00f3n de esta silenciosa continuidad. Desde las islas del Caribe que siguen atadas a La Haya, hasta la larga vida econ\u00f3mica posterior a la extracci\u00f3n de Indonesia, pasando por las estructuras corporativas que canalizan la riqueza a trav\u00e9s de asimetr\u00edas poscoloniales, el colonialismo holand\u00e9s no desapareci\u00f3, sino que se profesionaliz\u00f3. Externaliz\u00f3 la violencia a los contratos y la dominaci\u00f3n a la contabilidad.<\/p>\n<p>En toda Europa, el patr\u00f3n es reconocible. El poder colonial no muri\u00f3. Se diversific\u00f3. Y cuando la influencia financiera es insuficiente, surgen otras herramientas.<\/p>\n<p>En el Sahel, los grupos armados aterrorizan a la poblaci\u00f3n civil en medio de una niebla de interferencias externas. Las antiguas potencias coloniales se presentan como garantes de la seguridad, incluso cuando se multiplican las preguntas sobre el flujo de armas, las redes de entrenamiento y las estrategias de desestabilizaci\u00f3n. Cuando los gobiernos africanos se\u00f1alan con el dedo, los medios de comunicaci\u00f3n occidentales responden con incredulidad o silencio.<\/p>\n<p>Lo que nos lleva a otro instrumento de control perdurable: la \u201cnarrativa\u201d.<\/p>\n<p>Las empresas de medios de comunicaci\u00f3n francesas u occidentales siguen dominando gran parte del espacio informativo africano, configurando las percepciones de legitimidad, resistencia y \u201cterrorismo\u201d. Los grupos armados se convierten en \u201crebeldes\u201d cuando conviene. Los gobiernos que afirman su soberan\u00eda se convierten en \u201cjuntas\u201d. Cuando los pa\u00edses suspenden o expulsan a los medios extranjeros acusados de manipulaci\u00f3n, la indignaci\u00f3n en Europa es inmediata. Cuando se silencian las voces africanas, la indignaci\u00f3n es opcional.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito militar, el mensaje de \u00c1frica se ha vuelto inequ\u00edvoco. Mal\u00ed. N\u00edger. Burkina Faso. Senegal. Chad. Se ha pedido a las fuerzas francesas que se retiren.<\/p>\n<p>Y en toda el \u00c1frica franc\u00f3fona, las protestas contra las aspiraciones coloniales francesas siguen creciendo, no por moda, sino por memoria.<\/p>\n<p>Memoria del trabajo forzoso en \u00c1frica Central. Memoria de las pruebas nucleares en Argelia, que envenenaron la tierra y los cuerpos durante generaciones. Memoria de los tiradores senegaleses, enviados a morir por Francia y luego fusilados cuando exigieron su paga. Las cifras siguen siendo \u201cpoco claras\u201d. La violencia no lo es.<\/p>\n<p>A Europa le gusta creer que ha pasado p\u00e1gina.<\/p>\n<p>Pero sigue releyendo el mismo cap\u00edtulo, solo que con mejor iluminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso son importantes las recientes admisiones occidentales sobre el colapso del orden basado en reglas, pero solo si se toman en serio. Porque este sistema nunca se sustent\u00f3 en la equidad, sino en el ritual. En la participaci\u00f3n. En el silencio.<\/p>\n<p>Ese pacto se est\u00e1 rompiendo ahora. La integraci\u00f3n se ha convertido en una vulnerabilidad. El comercio se ha convertido en una palanca. Las finanzas se han convertido en un arma. Las instituciones que antes se presentaban como neutrales \u2013 la OMC, los marcos de la ONU, los foros multilaterales \u2013 se exponen cada vez m\u00e1s como escenarios de aplicaci\u00f3n selectiva.<\/p>\n<p>Cuando las reglas dejan de protegerlos, no las reforman educadamente. Se protegen a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>As\u00ed que s\u00ed, hay que reconocer lo que hay que reconocer. Cuando los l\u00edderes occidentales admiten la ficci\u00f3n, es un paso adelante. Pero es necesario estar alerta. Porque la historia nos ense\u00f1a una lecci\u00f3n sencilla: nada realmente bueno ha salido nunca de que los imperios descubran la humildad ante el micr\u00f3fono. Especialmente cuando siguen neg\u00e1ndose a practicarla en casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poder occidental y la persistencia de las estructuras coloniales Hay momentos en la pol\u00edtica mundial en los que se cae la m\u00e1scara, no porque el poder descubra de repente la moralidad, sino porque mantener la actuaci\u00f3n se vuelve demasiado caro. Recientemente, en Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, hizo algo inusual. 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