{"id":11171,"date":"2025-09-08T14:34:40","date_gmt":"2025-09-08T18:34:40","guid":{"rendered":"https:\/\/portal.globetrotter.media\/?p=11171"},"modified":"2025-09-09T13:40:06","modified_gmt":"2025-09-09T17:40:06","slug":"asi-es-como-roma-trata-a-sus-heroes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/portal.globetrotter.media\/es\/2025\/09\/08\/asi-es-como-roma-trata-a-sus-heroes\/","title":{"rendered":"\u00bfAs\u00ed es como Roma trata a sus h\u00e9roes?"},"content":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfAs\u00ed es como Roma trata a sus h\u00e9roes?\u201d. Estas palabras resuenan en el Coliseo en <i>Gladiator II<\/i>. Las pronuncia Acacius, un soldado que lo dio todo por Roma, s\u00f3lo para ser condenado al final por dos hermanos gobernantes cuya vanidad era mucho mayor que su sentido del deber. La multitud rugi\u00f3 en protesta. Hombres y mujeres gritaban pidiendo clemencia, desesperados por que Roma honrara a su h\u00e9roe. Sin embargo los gobernantes, sordos a las voces que se alzaban a su alrededor, ordenaron la ejecuci\u00f3n. Las flechas volaron. El cuerpo del soldado que hab\u00eda luchado por el imperio se desplom\u00f3 en el polvo. El Coliseo se levant\u00f3 furioso, pero los hermanos, impasibles, se dieron la vuelta. Acacius, el valiente soldado de Roma, fue silenciado.<\/p>\n<p>Esa escena impacta no solo por su potencia cinematogr\u00e1fica, sino tambi\u00e9n porque resultaba familiar. La traici\u00f3n al pueblo por parte de sus gobernantes no ha sido exclusiva de Roma. Es un tema recurrente en la historia de la humanidad. El poder corrompe cuando deja de escuchar, y todos los Coliseos, ya sean de piedra, estadios nacionales, mausoleos o met\u00e1foras, cuentan la misma historia cuando los l\u00edderes se vuelven sordos al rugido de la multitud.<\/p>\n<p>Shakespeare captur\u00f3 esto en Hamlet. El fantasma del rey asesinado se le aparece a su hijo y le habla de la traici\u00f3n \u00edntima y pol\u00edtica. Su hermano se apoder\u00f3 de la corona y de la reina, y el joven pr\u00edncipe (Hamlet) s\u00f3lo puede declarar que algo est\u00e1 podrido en el estado de Dinamarca. La podredumbre no estaba en los campos ni en los bosques, estaba en el palacio, en el silencio y en la ceguera de quienes gobernaban. Finalmente, tras la tr\u00e1gica muerte de los protagonistas, se recurre a un extranjero para salvar Dinamarca.<\/p>\n<p>Ehsan Naraghi, en su obra <i>From Palace to Prison<\/i>, describe una podredumbre similar en el coraz\u00f3n del Ir\u00e1n del Sha. Retrata a un gobernante alejado socialmente del pueblo, protegido por asesores ego\u00edstas. El Sha, t\u00edtere de las potencias extranjeras, no pod\u00eda o\u00edr las voces que se alzaban fuera de los muros de su palacio. Cuando mir\u00f3 hacia fuera, ya era demasiado tarde. Las multitudes que hab\u00eda ignorado se hab\u00edan convertido en la fuerza que lo derroc\u00f3.<\/p>\n<p>Roma, Dinamarca, Teher\u00e1n. El patr\u00f3n es antiguo, pero se repite con inquietante facilidad. Los l\u00edderes se imaginan seguros, solo para descubrir que la seguridad construida sobre el silencio y las \u201cluces azules\u201d es una ilusi\u00f3n. Adem\u00e1s, aprenden por las malas que los \u201cme gusta\u201d y los titulares de las redes sociales son una burbuja fr\u00e1gil.<\/p>\n<p>En un vuelo reciente desde Pek\u00edn, mientras ve\u00eda <i>Gladiator II<\/i> en la peque\u00f1a pantalla, estos paralelismos comenzaron a entretejerse en mi mente. La muerte de Acacio, la vanidad de los hermanos, el rugido ignorado del Coliseo: parec\u00eda m\u00e1s un espejo de la historia que un simple relato. Sud\u00e1frica tambi\u00e9n sabe algo sobre la traici\u00f3n, la indiferencia de los l\u00edderes y sus asesores, as\u00ed como la podredumbre en el estado de Dinamarca. El Congreso Nacional Africano (CNA), que en su d\u00eda fue el guardi\u00e1n de la visi\u00f3n, el sacrificio y la dignidad, nacido de las marchas y las prisiones de una lucha por la liberaci\u00f3n, ahora es acusado de sordera, de estar desconectado de la realidad sobre el terreno. Sus propios l\u00edderes electos no dudan en hacerse eco de este sentimiento. El poder, al igual que el Coliseo, tiene sus tentaciones. En el CNA, lo llaman los pecados del cargo; el presidente llama al movimiento \u201cel acusado n\u00famero uno\u201d.<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os antes hab\u00eda asistido a una clase de escritura creativa en la Universidad de Wits. Uno de los textos obligatorios era la brillante novela de C. A. Davis <i>How to be Revolutionary<\/i> (C\u00f3mo ser revolucionario). Su prosa es un delicado entretejido de historias: la lucha por la liberaci\u00f3n de Sud\u00e1frica, el Renacimiento de Harlem y la Revoluci\u00f3n Cultural de China. Lo que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n fue la intimidad con la que Davis conectaba las vidas personales con las grandes fuerzas pol\u00edticas. En Sud\u00e1frica, sus personajes trabajan dentro de la maquinaria del gobierno, navegando por dilemas \u00e9ticos en los que la lealtad a los colegas y la lealtad a los principios tiran en direcciones opuestas. En Harlem, los escritores componen cartas a trav\u00e9s de los oc\u00e9anos, figuras literarias que se comunican entre la Am\u00e9rica negra y Sud\u00e1frica, un significante de lo que el difunto acad\u00e9mico Bernard Magubane llam\u00f3 \u201clos lazos que unen\u201d.<\/p>\n<p>Sobre Shangh\u00e1i, escribe del fervor de la revoluci\u00f3n que choca con la traici\u00f3n personal y la difuminaci\u00f3n de las l\u00edneas entre el amor y la ideolog\u00eda. Davis narra estas intersecciones con elegancia, pero a medida que la novela se acercaba a su fin, sent\u00ed una creciente inquietud.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos cap\u00edtulos de <i>C\u00f3mo ser revolucionario<\/i> se enredaron en la pol\u00edtica faccional de China, adoptando posiciones firmes contra las decisiones pol\u00edticas de ese pa\u00eds. Era poderoso, pero cerraba el libro hacia dentro. Para m\u00ed, la pregunta m\u00e1s amplia qued\u00f3 en el aire. \u00bfQu\u00e9 viene despu\u00e9s de la traici\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 viene despu\u00e9s de los excesos pol\u00edticos?<\/p>\n<p>Estas preguntas me acompa\u00f1aron en la \u00faltima etapa de este vuelo desde Pek\u00edn. Se respondieron a s\u00ed mismas, no en prosa, sino en un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 <i>Gladiator II<\/i>, era hora de descansar. El Coliseo no se apag\u00f3; sus arcos se recortaban contra el cielo. Sin embargo, su arena se movi\u00f3. Se convirti\u00f3 en polvo, luego en alquitr\u00e1n, luego en la tierra roja de las secciones Kwamshayazafe de Soweto e Inanda. El rugido de la multitud tambi\u00e9n cambi\u00f3, rompi\u00e9ndose en isiZulu, en el ingl\u00e9s impregnado de jazz de Harlem, en consignas en mandar\u00edn, hasta que las palabras se disolvieron en un murmullo. Acacius intent\u00f3 despertar, atravesado por flechas, pero su rostro se transform\u00f3 en otros: el personaje llamado Beth de la Sud\u00e1frica de Davis, traicionado por la burocracia; el fantasma del padre de Hamlet, susurrando sobre la podredumbre; un ni\u00f1o en Mdantsane con el pu\u00f1o cerrado y una piedra en la mano. Los traicionados ya no eran uno, sino muchos. Su Kliptown, s\u00edmbolo de visi\u00f3n, aspiraciones y promesas, se convirti\u00f3 en Kicktown, Kwamshayazafe, donde la pobreza mata a los j\u00f3venes que se arrastran.<\/p>\n<p>Los hermanos en el trono tambi\u00e9n cambiaron. A veces vest\u00edan t\u00fanicas romanas, a veces trajes a la medida de los l\u00edderes modernos, a veces uniformes bordados de reyes fallecidos hace mucho tiempo. Articulaban palabras sin sonido, su silencio era m\u00e1s ensordecedor que cualquier discurso. Pero entonces algo cambi\u00f3. Apareci\u00f3 el trono del Sha, solo para desmoronarse en polvo. En su lugar creci\u00f3 un banco de madera, alrededor del cual se sentaron los ciudadanos. No eran reyes ni emperadores, sino gente com\u00fan, discutiendo, riendo, hablando unos sobre otros. El Coliseo se transform\u00f3 en una sala de di\u00e1logo, el ZK Matthews Hall de la Universidad de Sud\u00e1frica, donde recientemente se inici\u00f3 el di\u00e1logo nacional.<\/p>\n<p>Las flechas segu\u00edan apuntando. El peligro no hab\u00eda desaparecido. Sin embargo, cuando la multitud volvi\u00f3 a rugir, los soldados temblaron. Esta vez, contra todo pron\u00f3stico, bajaron los arcos. Los gobernantes bajaron de su estrado para situarse junto al pueblo. La traici\u00f3n no se convirti\u00f3 en un ba\u00f1o de sangre. El teatro de la crueldad se convirti\u00f3 en el escenario de la renovaci\u00f3n, el nuevo Kliptown.<\/p>\n<p>En mi sue\u00f1o, los poetas de Harlem le\u00edan a los escolares de KwaLanga. La nieve de Shangh\u00e1i se derret\u00eda en el calor del verano de Venda. Beth, de <i>C\u00f3mo ser revolucionario<\/i>, se sent\u00f3 una vez m\u00e1s a su escritorio, pero en lugar de una carta de renuncia, escribi\u00f3 una carta de esperanza. La fuga se resolvi\u00f3. El coro no era de traici\u00f3n, sino de resurrecci\u00f3n. Y en el centro de todo ello se encontraba el CNA, escuchando de nuevo.<\/p>\n<p>Me despert\u00e9 con esta visi\u00f3n grabada en mi mente como un estribillo. En los d\u00edas siguientes, ti\u00f1\u00f3 los titulares. El presidente de Sud\u00e1frica puso en marcha el Di\u00e1logo Nacional, una asamblea popular destinada a reunir a ciudadanos, partidos pol\u00edticos, interlocutores sociales y otras voces en un mismo espacio. Para muchos, parec\u00eda un mero tr\u00e1mite. En mi sue\u00f1o parec\u00eda un Coliseo transformado. Quiz\u00e1s este era el lugar donde los l\u00edderes podr\u00edan escuchar a su pueblo antes de que fuera demasiado tarde.<\/p>\n<p>El CNA se encuentra hoy al borde del precipicio. Al igual que los hermanos de <i>Gladiator II<\/i>, puede ignorar el rugido, aferrarse a la vanidad y dejar que vuelen las flechas. O puede hacer lo que hizo China en 1978, cuando sus l\u00edderes cambiaron el curso de la historia e introdujeron reformas que desafiaron las expectativas incluso de los cr\u00edticos m\u00e1s severos. En Wits, leyendo a Davis, dudaba de que tales giros fueran posibles. En ese avi\u00f3n, viendo caer a Acacius, tem\u00eda que no lo fueran. Pero en mi sue\u00f1o, vi lo contrario. He sido testigo de este milagro chino en mi investigaci\u00f3n sobre las fronteras del desarrollo nacional y regional.<\/p>\n<p>\u00bfEs as\u00ed como Roma trata a sus h\u00e9roes? La pregunta no tiene por qu\u00e9 ser ret\u00f3rica. Puede ser la chispa que impida que se repita. Los h\u00e9roes de Sud\u00e1frica no son solo los del pasado, sino tambi\u00e9n los votantes de hoy. Traicionarlos es atravesar el cuerpo mismo de la naci\u00f3n. Escucharlos es pararse en el polvo del Coliseo y descubrir que la redenci\u00f3n, aunque rara, es posible.<\/p>\n<p>Este es el sue\u00f1o que tengo. Que el CNA, como Acacio en esa visi\u00f3n imposible, pueda resurgir. Sue\u00f1o con que el CNA recree Kliptown, no el Kwamshayazafe en el que se han convertido nuestros municipios; que elija tratar a su pueblo no como s\u00fabditos, sino como la fuente de su fuerza; que, al hacerlo, pueda revivir, no en la ficci\u00f3n o en el cine, sino en la propia historia.<\/p>\n<p>Porque el destino de Roma no tiene por qu\u00e9 ser el nuestro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfAs\u00ed es como Roma trata a sus h\u00e9roes?\u201d. Estas palabras resuenan en el Coliseo en Gladiator II. Las pronuncia Acacius, un soldado que lo dio todo por Roma, s\u00f3lo para ser condenado al final por dos hermanos gobernantes cuya vanidad era mucho mayor que su sentido del deber. La multitud rugi\u00f3 en protesta. 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